El intrusismo en los tupperSex

La crisis llega a todos los sectores y a la industria del porno también. El boom del tupper-sex junto a la crisis han provocado que aparezcan una serie de personas que se dedican a ofrecer reuniones de tupper-sex de una manera ilegal, sin licencia y dejando probar a sus clientas los productos, dañando el sector y perjudicando al mercado profesional que tiene sus papeles en orden.

Los primeros sex-shops aparecieron en España en los últimos años de la década de los setenta, siendo Kitsch la pionera en Barcelona, pues abrió sus puertas en 1978. En aquellos primeros tiempos sólo existían Blue Rain, en Valencia, y dos locales, establecidos respectivamente en Zaragoza y en Madrid, que inauguraron la presencia de este tipo de locales en el país, según el libro ‘En mi casa o en la tuya: historias de tapper-sex’. En los albores de la democracia, la oferta en juguetería erótica era mínima, eran muy rudimentarios, hechos, diseñados y fabricados por señores.

El erotismo y la pornografía, condenados durante las décadas de la dictadura de España, se abrieron paso al mercado y a los ávidos ojos de unos españoles poco acostumbrados, excepto aquellos que, a mediados del siglo, hacían escapadas a Perpignan y a Biarritz para empacharse de películas eróticas y de culto, también prohibidas en nuestro país.

Entre 1979 y 1980 se inició el despertar de la sensualidad tras la dictadura: una mujer realizó las primeras picardías con lencería para la tienda Kitsch. Fue a partir de 1980 que empezaron a comercializarse vibradores de diversos tamaños con forma de pene.

Las ahora tan comunes braguitas comestibles, hechas de papel de azúcar de chocolate y de fresa, fueron uno de los primeros productos en salir a la venta en los ochenta. También en los ochenta, con la aparición del vídeo, las películas pornográficas llegaron a los hogares, asegurando discreción e intimidad para disfrutarlas. Respecto a los lubricantes, actualmente los hay de todos los sabores inimaginables, pero hasta hace pocos años había pocos disponibles.

 Kitsch también fue la pionera en el tuppersex. Inicialmente, tuvieron muy poca repercusión y sólo organizados dos o tres. El momento del tuppersex no había llegado aún. Pero el gran boom del tratamiento del sexo en televisión y de los juguetes llegó con Lorena Berdún y sus programas, ‘Me lo dices o me lo cuentas’ y ‘Dos Rombos’.

En la actualidad, tras años de progresivo “destape” mental, muchas parejas experimentan con lubricantes de sabores, preservativos con sabor, aceites de masajes y pinturas corporales comestibles. El sexo ha entrado, pues, por la puerta grande de la continuidad en nuestras vidas.

El auge de los juguetes, el interés cada vez superior por las mujeres hacia el sexo y el éxito de los programas de sexo en la televisión convirtió los tuppersex en todo un éxito. Reuniones de mujeres en las cuales hablar de sexo y poder comprar toda clase de juguetes sexuales. Pero el Tuppersex hasta el día que empezó la crisis, era una parte fundamental de una tienda erótica. Pero parece que la crisis está provocando que la gente tenga más picaresca, y que hagan las cosas aún peor.

Dentro del TupperSex o de los juguetes eróticos se ha creado un mercado sumergido que ha provocado que el mercado profesional se vea bastante perjudicado.

Ahora mismo lo que se estila es que una persona que está cobrando el paro y que tiene ingresos le compre a una tienda ciertos juguetitos con un descuento considerable, y así esta persona lo que hace es que se promociona en medios y en redes sociales como un profesional”, ha asegurado Marta Gamero, gerente de Secret-Toys.com

Gamero ha indicado que esta gente lo que hace es que “lleva el producto usado a las clientas y cuando acaba la demostración no se pueden llevar lo que les gusta” porque de alguna manera, “venden en ficticio”, es decir, “cobran el producto vendido y a los quince días les llega la mercancía que las clientas han comprado” y añade que esto, de alguna manera “es peor que comprar en una tienda on-line”.  “De ahí la mala práctica y la mala fama que le están dando, por hacer las cosas mal”, señala Gamero.

Secret-Toys, por ejemplo, lleva en sus reuniones más de diez unidades de cada artículo para que no haga falta enviar nada a las clientas posteriormente.

Realmente, estas personas no saben lo que están vendiendo, con lo cual la explicación que se hace en las reuniones de TupperSex tampoco es lo más adecuada, y por si fuera poco como no tiene tienda el producto que compras te llega a los 15  después de pagar unos portes porque claro esta persona lo tiene que comprar a los profesionales.

Además, “si el precio de venta al público de un producto es de veinte euros, esta gente lo venderá a sesenta para poderse sacar beneficios”, argumenta.

Estas personas están haciendo algo que es totalmente ilegal, provocando que el servicio sea pésimo y dañando el sector”, dice la gerente.

Las consecuencias de esta economía sumergida es que empresas serias, como en este caso, Secret-Toys, que realizan un trabajo eficaz y legal, se vean perjudicadas, además de que cobro de cualquier tipo de trabajo en B es ilegal, al igual que también es ilegal no tener licencia y no pagar impuestos por venta de productos eróticos.

El no tener licencias tendrá consecuencias si la empresa con la licencia oficial quiere invertir dinero en denuncias, pero no creo que el sector se ponga a esto”, especifica el economista y profesor titular de la Universidad Politécnica de Valencia, en el campus de Alcoy, David Pla Santamaría, y añade que lo de los productos usados, “es lo más grave”. “Puede acabar en algún escándalo mediático o peor, alguna persona enferma”, finaliza.

Prevención y legalidad serían las dos palabras que podríamos sacar de este reportaje. Prevención ya no sólo en cuanto a la pareja, ya que uno de los mayores riesgos que existen es confiar en la pareja, siempre hay que usar un preservativo y alejarse “del calentón”, pero por otra parte, prevención en los tuppersex, no hay que dar a probar los juguetes a las clientas, ya que puede provocar enfermedades debido a que esos juguetes además de que pasa por muchas manos, otras personas han podido llegar a probarlo también.

Y legalidad para no perjudicar al mercado profesional de este sector. Porque la crisis afecta a todos, a los grandes y a los pequeños, y ya es difícil combatirla como para que vengan otros con sus ilegalidades y su dinero negro.

 

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