Parafilias, el placer desbordante

Gemma Juan

– “Desviados”, “perversos”, “aberrantes”, son algunos de los vocablos que se han aplicado a las personas que sufren de un deseo –más o menos inconfesable- hacia objetos sexuales claramente alejados de lo que es compatible con la “normalidad”.

Las parafilias han recibido clásicamente el nombre de “desviaciones sexuales”. Lo que hoy llamamos parafilias fue acuñado como término a partir de la conexión griega conformada por pará (acerca de) y philein (amor) y ha hecho fortuna suficiente como para ser aceptado universalmente.

Si acudimos al DSM IV, ( Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales) la biblia del diagnóstico en Psicología, encontramos que se define la parafilia como:

un desorden sexual caracterizado por fantasías sexuales especializadas, así como necesidades y prácticas sexuales intensas, que suelen ser repetitivas y generan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo”.

Más allá del DSM IV, encontramos definiciones que aluden a una desviación de la atracción hacia prácticas sexuales fuera de lo normal, e incluso “algunos se atreven a apuntar que una parafilia es la atracción por toda aquella práctica sexual que no sea “natural” refiriéndose a las relaciones coitales”, afirma el psicólogo y sexólogo José Bustamante.

Desde el punto de vista científico, la definición más adecuada es la que encontramos en el DMS IV, aunque ya advertimos que en realidad cada caso es diferente y lo importante es tratarlo como tal en la consulta, “entre otras cosas porque hay mucho de idea moral y social a la hora de catalogar como parafílico o no un comportamiento o interés sexual”, añade Bustamante.

Históricamente se han descrito numerosos comportamientos que hoy podríamos considerar parafílicos según nuestra cultura, pero que cabría ampliar un poco las miras para no juzgar a la ligera lo que está o no “permitido” sexualmente. Un ejemplo sería cómo en determinadas tribus se practican actos sexuales con animales de forma habitual sin que esto se considere “negativo”. La sexóloga colombiana, Zaira Benavides, ha relatado en un artículo cómo en algunas regiones caribeñas de Colombia, niños y adolescentes de sexo masculino inician su vida sexual con las burras sin esconderse, como algo habitual, sin culpas ni castigo, hasta el punto de que comentan libremente las anécdotas en reuniones familiares y sociales.

Por su parte, el sexo con menores era aceptado como normal en la Grecia clásica y la homosexualidad ha sido aceptada dependiendo del lugar o el momento histórico. Debemos atender a los cambios culturales para entender cómo un comportamiento es considerado o no normal y lo que lo convierte en parafílico o no. Pero como comenta Bustamante, “nunca podrían justificarse las relaciones sexuales con menores o agredir sexualmente a otra persona o a un animal”.

Incómodos en su papel, pero lanzados irremediablemente a representarlo más o menos continuamente, los parafílicos tienen una sensación de falta de control sobre sus fantasías, deseos o conductas.

El diagnóstico de la parafilia se efectúa sólo si la persona ha actuado durante un período de al menos seis meses siguiendo estos impulsos o si éstos le crean un estado de incomodidad personal significativa.  Pero no todos participan en las obras con la misma intensidad; hay parafilias leves o ligeras, marcadamente afectadas por las necesidades parafílicas recurrentes, pero el sujeto nunca se decide a pasar a la acción; otras son moderadas, y el sujeto actúa en algunas ocasiones de acuerdo con sus necesidades parafílicas. En los casos graves, el sujeto se dedica reiterada y repetidamente a la acción, de acuerdo con sus necesidades parafílicas.

Las desviaciones sexuales se diferencian de la conducta sexual no desviada por el objeto de tal práctica o de la práctica en sí misma. El objeto puede ser un familiar (incesto),  un niño (paidofilia), un animal (zoofilia), un objeto inanimado o diferentes partes del cuerpo de un individuo (fetichismo), etc. La práctica sexual puede consistir en observar las prácticas sexuales de otras personas (voyeurismo), exponer los genitales (exhibicionismo), utilizar la fuerza física (violación), proporcionar dolor (sadismo), soportar dolor (masoquismo), etc.

PARAFILIA Y CULTURAS

Desde una perspectiva antropológica, las parafilias suelen darse sobretodo en las sociedades grandes y complejas. En efecto, los individuos de las sociedades primitivas rara vez desarrollan otras parafilias que no sean el parcialismo (una forma de fetichismo) y el travestismo, siendo la paidofilia relativamente frecuente, pero como un hecho ritualizado y parcialmente institucionalizado.

De hecho, la paidofilia auténtica solamente se ha detectado en los kagaba (indios colombianos) y los sirionó (del Este de Sudamérica).

Por otra parte, no debemos confundir nunca estos comportamientos con los actos parafílicos ocasionales a los que se entregan muchas parejas que desean imprimir cierta variedad en sus técnicas sexuales: morder, arañar o bien observar cómo se desnuda el otro es algo relativamente habitual e inocuo en nuestra cultura.

PARAFILIA, GÉNERO Y VIOLENCIA

En cuanto a su incidencia, las conductas parafilicas son más frecuentes en los varones en proporción abrumadora y sin distinción de edad, a excepción del masoquismo, en el que las cifras indican una proporción de 20 hombres por cada mujer. Hay varias hipótesis para explicar estas diferencias:

1-El hombre varía más por estar más sujeto a avatares diversos en su identificación sexual.

2- Razones “etiológico-genéricas”: Las hembras parecen poseer mayor capacidad discriminatoria en asuntos sexuales que los machos. En los animales son las hembras quienes se encargan de la tarea de reconocer si la pareja pertenece a la especie adecuada, evitando así un apareamiento híbrido. Siguiendo este hilo conductor, los varones tenderían a presentar mayor variabilidad sexual porque podrían permitirse el lujo de desperdiciar su semen, sin reducir el número de vástagos disponibles para las mujeres fecundadas por estos hombres, evidentemente más voluntariosos.

3- Razones derivadas del impulso. Según esta hipótesis, el hombre tendría un impulso más intenso y “electrizante” (salida más rápida) en contraste con la mujer, que tendría una “llegada” más fastuosa (posibilidad del pluriorgasmo); todo lo cual sería responsable de que el sexo masculino fijase su atención en una mayor variedad de objetos sexuales.

Desde un punto de visto clínico, las personas con conductas parafílicas no acostumbran a acudir a consulta por iniciativa propia; o bien lo hacen empujados por sus parejas que han descubierto su parafilia y ya no quieren participar de ella o bien han tenido un problema de tipo legal (exhibicionismo, pedofilia…) que les empuja a pedir ayuda. “El hecho de que un parafílico, en la mayoría de los casos, no acuda a consulta de forma voluntaria, hace difícil obtener datos reales sobre el porcentaje de incidencia de parafilias en la población general, así como el éxito de los tratamientos en cada caso”, afirma José Bustamante.

Los motivos por los que estos pacientes no acuden a consulta son “la vergüenza, el miedo a contarlo a sus parejas si las tienen y en muchas casos el hecho de haberse adaptado al problema, afirma Bustamante. Sin embargo la realidad es que en la medida en la que van pasando los casos, “cada vez el objeto parafílico tiene que estar presente de una manera más intensa para que produzca excitación”, añade.

Por ejemplo, si una persona tiene como fetiche las botas de cuero, lo que sucede es que necesitará esas botas de cuero para poder excitarse. El aumento de esta necesidad, según Bustamante, acostumbra a ser:

1.      Basta con que su pareja lleve puestas unas botas de cuero.

2.      Necesitará para excitarse que su pareja se deje puestas las botas durante el acto sexual.

3.      Ya no sólo bastará esto, sino que él necesitará que el cuero entre en contacto en algún momento con su cuerpo para excitarse.

4.      Puede que necesite estar en contacto directo con las botas durante toda la relación para poder excitarse y llegar al orgasmo.

Este ejemplo es lo que ocurre con cualquier conducta parafílica si no se trabaja en terapia, “el problema no es tanto que a alguien le guste determinado fetiche o práctica sexual fuera de lo habitual, el problema es la exclusividad, es decir que se necesite determinada práctica o fetiche para poder disfrutar del sexo”, aclara Bustamante.

Las parafilias son prácticas sancionadas por nuestra sociedad y, en algunos casos, a estos individuos se les considera pervertidos, enfermos mentales o incluso criminales. Muchas de las personas  que realizan prácticas sexuales atípicas consideran que la reacción de la sociedad ante su conducta sexual no está justificada. En todo caso, en la calificación de “psicopatología” de muchas de estas conductas interviene decisivamente un criterio de convencionalismo social; de hecho, muchas de estas conductas pasan inadvertidas cuando se llevan a cabo en un ámbito estrictamente privado.

Parafilias como el fetichismo, el travestismo el sadomasoquismo son las más conocidas, pero hay un gran listado de parafilias que muchas personas desconocen.

COPROFILIA Y UROFILIA

La coprofilia y urofilia (o urolagnia) son desviaciones sexuales en que el placer se relaciona con la eliminación de heces y la excreción de orina.  La forma parafílica más común consiste en observar a hombres y mujeres que excretan. En su forma extrema incluye ser objeto de defecación o micción o ingerir las heces y orina. En ocasiones esta parafília tiene un componente masoquista aunque no siempre la persona parafílica busca la humillación con esta conducta.

La coprofilia tiene a menudo un componente homosexual, posiblemente porque es más fácil observar cómo defeca u orina una persona del mismo sexo.

Por su parte, el término urofilia hace referencia a la excitación sexual provocada por la orina, “presenciar el acto de orinar o por el hecho de ser orinado encima”, destaca Bustamante.

Como ya mencionamos anteriormente la parafilia hace referencia a una práctica que acaba provocando malestar al sujeto o daño a otras personas, por ello la práctica conocida como “lluvia dorada” consistente en ser orinado en el contexto de una relación sexual, no tiene porque considerarse siempre una parafilia si es una práctica sexual más, aceptada por los dos miembros de la pareja sexual y sobre todo si no es necesaria para poder excitarse.

Según los libros, en un informe secreto recientemente divulgado sobre Adolf Hitler se presentaron pruebas de que éste padecía coprofilia y nunca copuló con mujeres; varias de sus amigas íntimas refieren que les pedía que le humillaran, le patearan y en especial se acuclillaran sobre él para defecar y orinar.

NECROFILIA

Es la parafilia que hace referencia a la excitación sexual hacia seres humanos muertos, que puede incluir o no mutilación del cadáver, se llama necrofilia o necrosadismo. El necrofílico no mata a nadie, como puede suceder con el sádico extremo, sino que deriva su placer sexual de un cuerpo ya muerto. Pero sí que cabe añadir que esta conducta es ilegal, por lo que al margen de ser una conducta exclusiva o no, y que le pueda generar malestar al paciente, “podemos considerar esta atracción como parafílica, pero ilegal”. Además, este tipo de conducta es muy poco frecuente; se observa sólo en hombres que sufren otros problemas mentales graves.

En la mayoría de los casos de necrófilos, “encontramos personas con problemas de autoestima y carencia en habilidades sociales e incluso en ocasiones, con una baja tolerancia a la frustración”, declara Bustamante y añade que “algunos describen en consulta que la idea de poder, de sentir que pueden dominar la situación les excita ya que no logran adquirir un rol de superioridad en sus relaciones sociales”.

Se tienen noticias de que la necrofilia existía en el antiguo Egipto. Los guardias cuidaban durante varios días a mujeres y niños de corta edad embalsamados para evitar la violación sexual de cadáveres. Sin embargo, es poco lo que se sabe, en realidad, sobre la necrofilia.

Hay individuos que tienen fantasías de cópula con mujeres muertas, y otros que pagan a una prostituta para que se simule cadáver, lo que se acompaña de ataúd, flores y mortaja. En esta forma más leve suele haber consentimiento; en la forma extrema, es obvio que no. Se ha informado de casos homosexuales y heterosexuales de necrofilia.

TROILISMO

El troilismo como parafilia consiste en compartir al propio compañero sexual con otra persona, mientras que el tercer individuo observa el coito. También puede involucrar dos parejas que tienen relaciones sexuales al mismo tiempo. El concepto que se tiene del troilista es que es un inadecuado sexual que no puede ejecutar el coito, a menos que participe en la experiencia sexual de “compartir”.

Muchos sexólogos son de la opinión que el troilismo implica elementos de fisgoneo y exhibicionismo. Sin embargo, la premisa de que el troilismo es una parafilia debe examinarse de nuevo si tenemos en cuenta las investigaciones recientes relacionadas con los que cambian de pareja. En cualquier caso, el troilismo es más importante entre los hombres que entre las mujeres, ya que los varones habitualmente instigan el patrón de comportamiento y derivan el máximo placer de ello.

Como en muchas otras prácticas, el troilismo “puede llegar a ser una fantasía o incluso una práctica que lleven a cabo algunas parejas sin que se considere parafílicos, ya que para que lo sea, la persona debe necesitar este acto para excitarse y/o causarle un malestar significativo”.

SALIROMANÍA

La saliromanía es un “trastorno sexual que se da primordialmente en los hombres y que se caracteriza por el deseo de dañar o ensuciar el cuerpo o las prendas de vestir de una mujer o una representación de mujer”, informa Bustamante. A menudo, la hostilidad es expresada simbólicamente mediante el acto de tirar ácido, alquitrán, tinta o algo parecido sobre una mujer extraña o una estatua; por el hecho de cortar o desgarrar las ropas de las mujeres o el de desfigurar una pintura o una estatua.

A este efecto conviene recordar el daño causado a la escultura La Piedad, de Miguel Ángel, o la decapitación de la famosa estatua de la sirena de Copenhague. Estos actos fueron causados por individuos que padecían dicho trastorno. Los saliromaníacos es excitan habitualmente hasta el punto de la erección, y quizá la eyaculación y el orgasmo durante sus actos de destrucción. “Hablamos de trastorno cuando no hay consentimiento por parte de la pareja sexual, cuando genera malestar a la persona o pareja sexual y siempre que sea una conducta necesaria para poder obtener excitación”, remarca el sexólogo.

Una vez más hay que advertir que no tiene porqué ser una parafilia el juego entre dos personas que están de acuerdo en representar estos roles, acciones como quitar la ropa de forma brusca, quitar la ropa interior, eyacular o escupir sobre la pareja, sino que “son juegos que algunas parejas disfrutan sin que se puedan considerar parafilias”.

Una de las teorías más aceptadas para explicar la adquisición de conductas parafílicas es la que tiene que ver con el aprendizaje condicionado de la excitación. Esta teoría explica que por algún motivo, una persona empieza a asociar el placer sexual con una “fetiche” o situación concreta y esta asociación tras varias repeticiones hace que “la persona fantaseé y/o busque repetir la experiencia sexual, en la mayoría de los casos este aprendizaje asociativo se produce en la adolescencia o juventud”, período donde los aprendizajes sexuales tienen una mayor relevancia e impacto en la persona.

Además de esto, “los sentimientos de vergüenza y culpa por fantasear o sentirse atraído por la conducta parafílica, acaban por dotar de un componente obsesivo a la idea parafílica y si a esto le sumamos dificultades en las habilidades de relación y/o seducción, podemos explicar la mayoría de casos de personas con parafília”.

Uno de los ejemplos que nos pone nuestro sexólogo es el  caso de una pareja que estaba manteniendo relaciones sexuales en una bañera. El chico estaba muy cerca de alcanzar el orgasmo y debido a la postura forzada de ella, ésta defecó ligeramente sobre él, a escasos segundos de que llegara éste al clímax.

El chico relata en la consulta cómo el calor y la textura en su pierna le resultó totalmente excitante y cómo a partir de ese momento empezó a masturbarse acordándose de ese momento, hasta que un día se atrevió a usar sus propias heces para masturbarse. Más tarde, y sin contárselo a su pareja,  acudió a prostitutas que ofrecían estos servicios. El paciente relata que se sentía muy culpable y avergonzado, pero que no podía controlarlo. Poco a poco empezó a mostrar desinterés por las relaciones sexuales con su pareja y la coprofilia se convirtió en su única manera de excitación.

TRATAMIENTO

El tratamiento recomendado para las parafilias varía según la gravedad del caso y el tipo de parafilia.

El tratamiento cognitivo-conductual consiste en extinguir la asociación que el paciente a llevado a cabo entre la conducta y la excitación sexual. Como apoyo  a este tratamiento, se acostumbra a usar antidepresivos que disminuyen la líbido y mejoran el estado de ánimo del paciente, muchas veces asociado a la conducta compulsiva.

En caso más graves y sobretodo cuando el paciente supone un riesgo real para la sociedad (violadores, pedófilos, exhibicionistas repetitivo) se puede optar por el tratamiento hormonal que supone una suerte de castración química temporal para el paciente.

Además de los tratamientos mencionados en ocasiones es necesario el entrenamiento en habilidades sociales y empatía para ayudar al paciente.

Y como éstas, un sinfín de parafilias, que se pueden tratar si se acude desde un primer momento a un sexólogo o terapeuta sexual. El primer paso es reconocer que se tiene un persona y que hay personas especializadas que pueden llegar a evitar estas desviaciones sexuales.

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